2 de julio de 2023

¿Dónde están las supermanas?

      “En la Declaración de las Naciones Unidas, con motivo de la conmemoración del Año Internacional de la Mujer en 1980, se dijo que 'la violencia contra la mujer es el crimen encubierto más numeroso del mundo' porque por el mero hecho de serlo, por su condición, es víctima de una serie de delitos, además de poder serlo como individuo, igual que el hombre.”

Ana Cagigas

 


La ocultación de los referentes feministas puede producir en las mujeres —y en los hombres— la falsa impresión de que los problemas que afrontan solo les afectan a ellas como individuo. El desconocimiento de las estructuras patriarcales, las luchas previas, los éxitos conseguidos y los avances logrados pueden mantener en la ignorancia generaciones enteras de mujeres, impidiendo que se rebelen contra estas estructuras simplemente porque no son conscientes de que pueden hacerlo y que, de hecho, tienen el derecho a alzarse. Rebelarse con plena consciencia, además, de que otras lo hicieron antes con enorme perjuicio para ellas, pero esperando que sus acciones pudieran tener repercusión más allá de ellas mismas y de su tiempo.    

A través de los temas planteados por los personajes de las novelas Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor y L’últim patriarca, de Najat El Hachmi, trataré de desenmascarar —desde una perspectiva también sociológica— algunas de las estructuras que se encuentran ocultas tras sus historias.

Gracias al análisis de algunas de esas situaciones, todavía hoy en día ampliamente aceptadas y toleradas incluso en nuestra confortable nube occidental —y con la ayuda de la bibliografía primaria y secundaria referenciada al final de este ensayo— intentaré proponer, de forma muy esquemática, alguna de las muchas soluciones que será necesario adoptar, así como mostrar los matices de alguna otra aparentemente más obvia.  

A priori, la educación como respuesta a la ignorancia o el desconocimiento parece una razonamiento lógico e intuitivo. Al final de este ensayo espero haber argumentado de forma suficiente y razonable que no siempre es así, y que existen fuerzas poderosas —aunque no tan evidentes— que silencian, minimizan y eliminan una memoria nada conveniente para el patriarcado. 

Antes de entrar en materia, hemos de ser capaces de manejar con cierta soltura algunos conceptos clave que nos ayudarán a captar mejor los temas que se encuentran (no tan) ocultos tras las obras que vamos a comparar. Son conceptos que sobrevuelan constantemente nuestro día a día pero que considero pertinente fijar de manera breve. El primero de ellos, ya utilizado en este ensayo, es el patriarcado, Ana D. Cagigas lo define magistralmente del siguiente modo:

[…] la relación de poder directa entre los hombres y las mujeres en las que los hombres, que tienen intereses concretos y fundamentales en el control, uso, sumisión y opresión de las mujeres, llevan a cabo efectivamente sus intereses. […] Esta relación de poder provoca desigualdad entre los dominadores: los hombres, y los subordinados: las mujeres.” (Cagigas, p. 307)

Es esta pervertida relación de poder —esta condena (El Hachmi, p. 10)— la que lo atraviesa absolutamente todo. De forma sutil e insospechada, a través del maltrato a Yesenia por parte de su abuela en la obra de Fernanda Melchor y, de un modo mucho más evidente, reflejado en el comportamiento de Mimoun en la novela de Najat El Hachmi.

Será necesario también atender al concepto de rebelión, especialmente si lo hacemos al modo en que la entiende Giovanna Mérola:

El feminismo es un movimiento de rebelión contra un orden no natural, por tanto modificable. No es una ideología porque, al contrario de ésta, no es una justificación de un orden e intereses materiales existentes, una justificación de la explotación de las mujeres, en cuanto a sexo; todo lo contrario, desenmascara los mecanismos que mantienen esta situación de opresión. (Mérola, p. 114)

Y es que conviene preguntarse, ¿qué otra respuesta puede haber?, ¿qué otra opción queda ya que no sea rebelarse contra un statu quo que duele físicamente a poco que uno tenga el coraje de profundizar en el mundo que nos muestran nuestras autoras?

Hablaremos también de educación, a la que todas y todos sentimos siempre la irremediable tentación de acudir en busca de ayuda y consuelo:

Una de las estrategias didácticas esenciales de la educación de la diferencia sexual es resaltar las figuras femeninas con autoridad dando ejemplos de libertad femenina y de las maneras en que logran realizar sus deseos, lo que permite pensarlas por las alumnas y alumnos que están interesados en este feminismo de la diferencia. (Barffusón, p. 367)

Pero que, quizás, no sea en este caso la panacea que esperamos, por lo menos si no corregimos antes algunas tremendas desviaciones. Por supuesto, hablaremos con más detalle de este punto más adelante.

Por último introduciré los referentes; se trata, en definitiva, de los puntos de anclaje o los faros que nos guían en la oscuridad, que necesitamos para no sentirnos en soledad —especialmente quien sufre algún tipo de opresión— y que, en el caso que nos ocupa, permitiría aprovecharse de las luchas ya realizadas y del dolor sentido antes por tantas otras:

El eco reivindicativo de todas las mujeres que nos antecedieron –que supieron decir que no, incluso a riesgo de ser calcinadas en la hoguera que la inmundicia y la ignorancia alimentó– generó una cadena a lo largo de los siglos que desembocó en lo que Adrienne Rich llamó “el despertar de la conciencia”, que se hizo colectiva. (Martínez-Gómez, p. 2)

Es lo que pienso necesitan las protagonistas de las dos obras: referentes, modelos en los que descubrir otros comportamientos, diferentes patrones más allá de los estereotipos que han conocido. Otras maneras de afrontar las situaciones en las que se han visto obligadas a vivir. Que las permita sentirse parte de un todo en el que ya se han ganado algunas importantes batallas y que las lleve fuera del universo horrible en el que se encuentran en absoluta soledad.

A través de una lectura atenta, analítica, crítica y contrapuntal de las obras de Fernanda Melchor y Najat El Hachmi, he buscado las situaciones y los personajes que me permiten ejemplificar mejor y trasponer las motivaciones de las autoras y su relación con la temática que me ha parecido más interesante y que expondré más adelante.  

Pero tratemos ya de entrar en materia. Empezaremos con la siguiente pregunta, ¿son conscientes las protagonistas de la existencia del patriarcado? No por obvio debemos dejar de mencionar la evidencia de que el primer paso para hacer frente a una dificultad es conocer el problema al que te enfrentas, ser consciente de él.

Atendamos a lo que nos comenta la profesora Montserrat Cabré a propósito de Gerda Lerner:” buscaba ofrecer una contraparte a la historia del patriarcado trazando el pensamiento y la acción de muchas mujeres que, antes de la eclosión del activismo feminismo político, resistieron y subvirtieron el orden patriarcal” (Cabré, p. 420). O, en otras palabras, de cómo Gerda Lerner iniciaba esa recuperación de la memoria de los referentes feministas cuando el feminismo todavía no existía como tal. Quizás sorprenda remarcar que nos encontramos todavía, con Gerda Lerner, en el s. XX, por lo que no cabe duda de lo tarde que se inicia esta reparación y del largo camino que nos queda por recorrer.

Es así como se me plantea la situación de las protagonistas de las dos obras que sirven de base para nuestra argumentación frente al patriarcado: son completamente ajenas a él, no existe para ninguna de ellas. Es por eso por lo que el conocimiento y la consciencia del patriarcado, oculto para ellas, sería un paso previo necesario sobre el que podrían actuar los referentes:

I tot d’una es va esdevenir un d’aquells fets que faria de Mimoun algú diferent de qui havia de ser, un fet que a hores d’ara ningú no coneix o qui el coneix n’ha fet silenci. (El Hachmi, p. 15)

Como decía, ninguna de las protagonistas de las dos novelas es consciente de la existencia del patriarcado, con la única excepción de la hija de Mimoun —que sólo lo es de forma retroactiva— lo que impide que les sea posible librarse de la culpa que este hace caer sobre ellas:

Pero Norma no estaba lista para contarle a Luismi sobre Pepe; ni siquiera quería pensar en él y las cosas que habían estado haciendo, porque si llegaba a contarle lo que realmente había pasado, él se daría cuenta de la persona tan horrible que Norma era, y se arrepentiría de haberla ayudado, y la correría de su casa y la enviaría de regreso a la oscuridad […]. (Melchor, p. 94)

Por otro lado, ¿en qué medida el acceso libre a la educación —para mujeres y hombres— tal como la conocemos, permitiría disminuir el sufrimiento de las protagonistas?

Aceptar la hipótesis de que la educación podría ser una solución para que nuestras protagonistas pudieran liberarse del mundo patriarcal en el que viven, sería dar por hecho que esta dispone ya de una perspectiva feminista.

Es sólo ese punto de vista feminista el que podría aportar las herramientas para poner al alcance de las mujeres esos referentes tan necesarios para hacerlas conscientes de su capacidad de rebelarse contra las injusticias que padecen. Pero ¿es cierta esa suposición? Ana López-Navajas y Ángel López García-Molins nos demuestran en su trabajo El desconocimiento de la tradición literaria femenina y su repercusión en la falta de autoridad social de las mujeres que no es así. Veamos brevemente algunas de sus conclusiones.

Tomando como ejemplo de su estudio el periodo que va del siglo XII al XVIII, y analizando el número de escritores y escritoras que se incluyen en los manuales de literatura de 3º de ESO, llegan a terribles conclusiones:

El resultado de las escritoras presentes en los manuales de las tres editoriales en estos periodos resulta significativo: entre los siglos XII y XVIII, durante más de 600 años, en un periodo que va desde la Edad Media hasta la Ilustración solo encontramos una única escritora y citada (con la sola mención de su nombre) entre 65 escritores: Santa Teresa de Jesús. (López-Navajas & López García-Molins, p. 9)

La invisibilización es sobrecogedora. Probablemente el dato sorprendiera a nuestras protagonistas —aunque necesitaran más ayuda que sorpresas— pero lo más desconcertante es la ignorancia, frente a estos datos, que tenemos la población en general y lo peligroso que resulta emitir opiniones desde una ignorancia sesgada per la demonización del feminismo, a la que estamos asistiendo en los últimos años.

El porcentaje mejora un poco en el siglo XX —temario para los alumnos de 4º de ESO— pero conviene no alegrarse demasiado:

Frente a los 224 escritores que aparecen en el canon general del siglo XX, se presentan 24 escritoras, un 10,7%. El canon español muestra un porcentaje de presencia femenina del 12%, 20 escritoras entre 147 escritores. (López-Navajas & López García-Molins, p. 10)

El sesgo es tan desproporcionado que uno tiene la tentación de retirar de manera inmediata la educación de la lista de soluciones posibles, a menos que antes sea revisada esta desviación que no dispone de argumentación razonable más allá de su relación con el patriarcado. Las repercusiones son evidentes en el aprendizaje de las mujeres:

A las mujeres y a las escritoras en concreto, esta exclusión las hace parecer advenedizas, ya que ni se reconocen sus contribuciones ni el orden simbólico de donde parten. De este modo, quedan sin modelos y sin tradición donde anclarse, “Con gran parte de la historia propia hurtada, sentimos confusamente que no somos herederas legítimas de ese mundo” (Valcárcel, 2008, 83). Esto las excluye de nuestras referencias culturales y epistemológicas y las sitúa en una precaria posición social. (López-Navajas & López García-Molins, p. 10)

Por último, ¿qué papel juegan los referentes feministas? En realidad, este es el punto que hace saltar la liebre y el que se constituye como motivo principal de la elección del tema del presente ensayo. Lo provoca la hija sin nombre, la protagonista de L’últim patriarca, y es que “la filla de Mimoun pensa que no hi ha hagut cap supermana a la història” (El Hachmi, p. 155). A pesar de las barbaridades que acontecen a prácticamente todas las mujeres de las dos novelas, es una reflexión que me produce profunda tristeza, aunque también algo de esperanza. Un punto de esperanza al que asirse —retirar ese velo de ignorancia— en contraposición con las diferentes protagonistas —Norma, Yesenia o la Bruja— de Temporada de huracanes, para las que parece que no hay ninguna esperanza ni atisbo de sororidad. Escuchemos a Marco Antonio Islas hablándonos acerca de ello:

En última instancia, se trata de una ficción que relata la historia de un acto de violencia principal, rodeado de muchos otros, narrados a través de distintas voces que se encuentran aisladas sin ninguna escapatoria de aquella vorágine de violencia. (Islas, p. 263)

La hija de Mimoun es la única que tiene acceso a un referente, alguien en quien poder ver algo diferente a lo que ha vivido en el seno de su familia, su antigua maestra es la única excepción, tal como nos dice Katarzyna Moszczyńska:

De hecho, el personaje siente una gran confusión y lo que desde la perspectiva posterior llamará la crisis de identidad al no saber cómo responder ante las expectativas y los deseos contradictorios: se pregunta, por ejemplo, cómo cumplir la prohibición de hablar con los chicos de su edad, de vestir pantalones o usar tampones, impuesta por su familia, y la necesidad de ser como otras compañeras de la escuela para no “parecer rara” (2010: 290). “Todo era un problema y yo cada día salía menos, a las nueve en casa, a las ocho en casa, a las siete en casa, cuando sea de noche en casa, e iba al revés que el resto del mundo” (2010: 290). Inmersa en este caos de necesidades y prohibiciones contradictorias, encuentra entendimiento y apoyo en su antigua maestra que le brinda respaldo emocional e intelectual al sugerirle lecturas que abren nuevas perspectivas hermenéuticas y motivarle para encontrar libertad en la escritura. (Moszczyńska, p. 282)

En realidad, su antigua maestra es su supermana, pero ella no lo sabe todavía. Y es quizás el hecho de verbalizar esa negación de la existencia de referentes la que inicia el camino hacia la recuperación de su vida. Tampoco es consciente aún de que, en su propia mente, está asistiendo ya al otoño del patriarca, si se me permite citar en este punto al grandísimo García Márquez.

Norma, Yesenia o la Bruja, en cambio, no tienen nada parecido a eso, no hay un solo personaje femenino —ni masculino— que pueda adoptar ese rol. En ambas novelas, con la mencionada excepción de la maestra, son las mismas mujeres las que contribuyen a la perpetuación del patriarcado —siendo también ellas víctimas directas de él— con constantes actitudes completamente machistas.

Su guerra, aunque no lo sepan, es también la batalla contra un sistema que no es más que otra de las formas de expresión del patriarcado, que no sólo no las entiende porque está dentro de él, sino que las maltrata de forma cruel e injusta:

Norma gritaba aterrada pero de su boca no salía ningún sonido, y cuando volvió a despertarse ya no estaba sobre el colchón de la casita sino echada de espaldas sobre una camilla […] bajo la mirada asqueada de la trabajadora social y el eco de sus preguntas: quién eres, cómo te llamas, qué te tomaste, dónde lo botaste, cómo pudiste hacerlo. (Melchor, p.117)

Tal como avanzaba al principio de este ensayo uno tiende a pensar ingenuamente que todos los problemas que les son planteados a las protagonistas de ambas novelas podrían ser resueltos con una mejor educación en clave feminista o, simplemente, una mejor educación. Hay que admitir también que existe la posibilidad de caer en la tentación de considerar la educación como el bálsamo para todos los problemas, aunque sin miedo tampoco a considerarla como uno de los factores más relevantes. En todo momento he tratado de situarme en una situación de equilibrio al respecto.

 La realidad parece ser que antes de fiar nuestras esperanzas a la educación real —no la ideal que podríamos tener en nuestra cabeza— deberíamos echar un vistazo y darnos cuenta del proceso de silenciamiento, invisibilización y eliminación que ha tenido lugar a lo largo de la historia, tal como han demostrado con su estudio Ana López-Navajas y Ángel López García-Molins. Es un proceso que nos ha afectado a todos sin saberlo, sin ser conscientes de ello, de ahí su enorme peligro, dado que extiende la falsa sensación de inexistencia de abajo hacia arriba y se constituye en una auténtica supresión del 50% de la memoria de la humanidad.

No podemos dejarnos en manos de una educación que no haya sido analizada de forma crítica desde un punto de vista feminista que incluya a todas las mujeres que, a lo largo de la historia, han contribuido a llegar donde estamos.

La educación pública —principalmente en la etapa de formación, pero también en las edades adultas— debe ser el medio natural de transmisión del conocimiento adquirido y los avances realizados por esos referentes. Es la institución de la educación la que debe proporcionar esos referentes que permitan a la mujer ser consciente de que los problemas que enfrenta —fruto del patriarcado— no son ni nuevos ni desconocidos, y es por eso por lo que debe realizarse una profunda revisión de la institución que permita colocar a la mujer en el lugar que, por derecho, le pertenece.





BIBLIOGRAFÍA

Arriazu, A. D. C. (2000). El patriarcado, como origen de la violencia doméstica. Monte Buciero, (5), 307-318. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=206323

Bartrina, F. (2002). La violència contra les dones a l'obra de Víctor Català i d'Aurora Bertrana. Lectora: revista de dones i textualitat, 99-105.

Barffusón, R., Fajardo, J. A. R., & Trujillo, C. D. C. (2010). Aportes feministas a la educación. Enseñanza e investigación en psicología, 15(2), 357-376.

Cabré, M. (2013). Gerda Lerner (1920-2013): La conciencia de hacer historia. Arenal, 20(2), 419-427. https://revistaseug.ugr.es/index.php/arenal/article/view/1573

Cano, M. (2015). Identidades en el intervalo. Identificaciones posicionales y prácticas políticas feministas. Actas I Congreso internacional de la Red española de Filosofía. Vol. VIII: 7-16.

El Hachmi, N. (2008). L’últim patriarca. Epulibre.org

Fuentes González, A. Daniel (2013). El último patriarca, de Najat EL Hachmi: Una lectura sociolingüística. Álabe 8. [www.revistaalabe.com]

Gatell, M.; Iribarren, T. (2017). Guerra civil española y condición de la mujer en la novela catalana: Pedra de tartera, de Maria Barbal. Alpha Osorno.

Iribarren, T.; Canadell, R.; Fernàndez, J. A. (2021). Narratives of Violence. Edizioni Ca' Foscari.

Islas, M. (2021). Violencia de género en Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor: de la violencia subjetiva a la violencia sistémica. Sincronía, 79, 261-281. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7786053

Melchor, F. (2017). Temporada de huracanes. Epublibre.org

Mérola, G. (1985). Feminismo: Un movimiento social. Revista Nueva Sociedad, 78(5), 112.

Moszczynska, K. (2012). Amor, género y orden social en "El último patriarca" y "La cazadora de cuerpos", de Najat El Hachmi. Sociocriticism, Vol. XXVII: 1-2. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4637101

López Navajas, A.; López García, A. (2012). El desconocimiento de la tradición literaria femenina y su repercusión en la falta de autoridad social de las mujeres. Quaderns de filologia. Estudis literaris. Vol. XVII, 27-40. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4145273

Martínez-Gómez, R. (2021). Ecoficción feminista. Rebelión frente al sitio, la conquista y la violación. Cuadernos del CILHA, 34. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7995441

Potok-Nycz, M. (2003). Escritoras españolas y el concepto de literatura femenina. Lectora: revista de dones i textualitat, 9, 151-160. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2229584

Segato, R.; Gabriela, W. La ciudad de las mujeres | Vídeos | CCCB. (s. f.). CCCB. https://www.cccb.org/es/multimedia/videos/rita-segato-y-gabriela-wiener/230063

Serrano, Jordi (2022). Literatura, violències i decolonialitat. (s. f.). FUOC. https://materials.campus.uoc.edu/cdocent/PID_00293303/

Serrano, Jordi (2022). La lectura analítica. (s. f.). FUOC. https://materials.campus.uoc.edu/cdocent/PID_00293302/