12 de noviembre de 2022

Helena de Troya o cómo ser mujer en el mundo clásico

“¿Qué quiere decir “Helena”? No quiere decir nada. Helena está en Esparta, Helena en Menfis, Helena en Troya, Helena en Rodas… Hay muchas Helenas, no una sola; hay tantas que, al final, ya no hay ninguna.”

Maurizio Bettini y Carlo Brillante. El mito de Helena.

 

¿Quién escribe la historia?

Entre el espectral jurado que, más que escuchar el testimonio de las desdichas sufridas por Helena, parecen simplemente asistir impávidos a una historia cuyas tristezas no les son del todo extrañas, y desde el limbo al que ha sido condenada por su propia leyenda, Carmen Machi nos cuenta, para su descargo, no sólo su versión de la historia, sino una historia universal por todos conocida. Es la crónica que nos habla de los motivos que llevan a los hombres a la guerra, porque nunca ha sido su afán de poder y riqueza lo que los ha lanzado al caos y la destrucción, por lo menos no desde el punto de vista de quien ha escrito la historia. Pero también, por encima de todo, es el relato de su vida o los relatos más bien[1]:

[…] según la época de que se trate: esposa fiel, adúltera; inocente, o chivo expiatorio y por lo tanto culpable; símbolo sexual, quintaesencia de la feminidad; meretriz, vampira, o mejor, vampiresa. Ella puede ser todo esto y no perdurar en ninguno de estos prototipos”.

Helena, cansada ya de ser juzgada por la historia, no pide más que, de ganar el juicio, le sea concedido el olvido. Porque nunca fueron suficientes los peregrinos y mundanos motivos que han causado los mayores horrores, era necesaria Helena, porque era necesaria la guerra[2]:

La antigua democracia es por tanto el régimen en el que se cuentan todos los que tienen la ciudadanía, en tanto que tienen acceso a la asamblea donde se toman las decisiones. El problema es: ¿quién tiene la ciudadanía en la ciudad antigua? […] relativamente pocos: los varones adultos, en tanto que hijos de padre y madre atenienses, libres de nacimiento. […] En una palabra, la visión de la ciudadanía se condensa en la edad clásica en la identidad ciudadano-guerrero. Es ciudadano, es decir, forma parte de la comunidad de pleno derecho, a través de la participación en las asambleas decisorias, quien está en condiciones de ejercitar la principal función de los varones adultos libres: la guerra.

Para justificar muerte y desolación, dolor y desgracia, se hacía ya entonces necesario un motivo superior; una causa más allá de los hombres era – es y será – siempre imprescindible para disfrazar el mal ante los que han muerto, mueren o morirán; bien lo sabían Agamenón y Menelao. Pero debía ser un mal que no ensuciara en demasía las manos de los dioses, a riesgo de conducirlos al olvido, sino que les permitiera continuar en su olimpo inaccesible para seguir siendo capaces de entretenerse juzgando nuestras acciones.  

Me permito sugerir al espectador que se decida a acudir al tremendo espectáculo que nos ofrece Carmen Machi, a quien ya en este mismo momento le recomiendo encarecidamente hacerlo, que permanezca atento en todo momento a la más insignificante de sus frases y al más leve de sus gestos, porque es posible que le revelen más verdad sobre la situación de la mujer en nuestro mundo contemporáneo que en el mundo clásico, que también, y mucho. 

Y que mejor manera, debieron pensar algunos clásicos, de iniciar el camino de las más famosas justificaciones que con el mito de Helena, a fin de cuentas, el mito siempre fue una manera útil para los griegos de[3]:” […] entender sus vidas y justificar las divisiones y asimetrías sociales, entre ellas las que diferenciaba a las mujeres de los hombres” y sigue siéndolo para nosotros. Como muy bien nos explica Maurice Bowra[4]:

Todos los pueblos que no han alcanzado aún el estadio en el que la ideas pueden expresarse de modo abstracto y en los que el pensamiento científico es aún muy reducido, tienen en común una manera mítica de pensar. […] Eran particularmente útiles para dar formas vivas a temas en los que los términos abstractos eran inadecuados.  

En el caso de Helena, difícil expresarlo mejor que la Catedrática de Filología Latina de la Universidad Complutense de Madrid[5]:

Si ha habido un personaje de la mitología clásica ensalzado y vilipendiado a través de los tiempos, podemos decir que ese es Helena, Helena de Troya. Desde ser considerada casi una diosa, paradigma de belleza, o instrumento de los designios divinos, hasta tenerla como prototipo de adúltera, de mujer objeto o como la Mata Hari de la antigüedad, Helena ha pasado por todo.

Y que mejor chivo expiatorio que una mujer, al fin y al cabo, ya se había hecho parte del trabajo, ¿o es que no fue Pandora, la primera mujer, ofrecida a los hombres como venganza por engañar al gran dios Zeus?[6]:” Enfurecido de nuevo, el padre de los dioses impuso al titán uno de los terribles castigos eternos de la mitología griega y, a los hombres, otra condena permanente, la creación de la primera mujer”. Es decir, como también nos dice Picazo[7]:” La primera mujer del mito griego no fue creada como compañera del hombre, como en el caso de Eva, sino como su castigo”.

Utilizada desde su niñez como herramienta política reproductora, raptada y violada por Teseo cuando era una niña de tan solo nueve años; casada, y violada una vez más por Menelao cuando contaba con tan solo catorce, bebe ambrosía para olvidar la rabia de todas las injusticias que ha sufrido. Bebe, bebe y bebe, pero no consigue huir de su castigo, ni tan solo olvidar para descansar.

Rehén de una belleza que le ha sido concedida por su padre para que juegue su papel entre los hombres, es entendida por Helena como su castigo. Siempre en manos de otros, nunca dueña de su propio destino, la profesora Saquero se pregunta[8]:” ¿fue en algún momento dueña de su destino? Ella ha resistido a todo y a todos hasta nuestro tiempo”, tal como Helena se pregunta la razón por la que Aquiles le dio esperanzas al prometerle que podría elegir marido, ¿qué necesidad había?, no era esa su elección como tampoco lo era de ninguna otra mujer en Grecia[9]:” La inteligencia femenina carece de la autoridad masculina y, por tanto, se justifica la necesidad de mantenerla de por vida bajo el control de un guardián”.

Pero Helena, encarnada en la extraordinaria Carmen Machi, se rebela contra el papel que le ha asignado el destino; empoderada, desafía a su padre y con ello al papel que la sociedad ha estipulado para ella, poniendo de este modo en peligro la institución que es la base de la misma, la familia[10]:” La naturaleza irracional de las mujeres y esa tendencia a someterse a sus pasiones plantean el posible peligro del adulterio, es decir, de la intrusión de un hijo ilegítimo, que podría alterar la sucesión correcta de la familia”.

Y es la decisión de irse con Paris la que marca el inicio y el fin del desafío. La única decisión que tomará por sí sola en su vida y por la que va a ser juzgada durante siglos por defensores y detractores, pero sin posibilidad de que ella misma pueda exponer sus argumentos; hasta ahora. La ilusión de su amor por Paris la hace sentirse libre por primera vez en la vida y durante su viaje a Troya vive su momento más dulce. Pero al llegar a la ciudad que quedará ligada a su nombre para siempre vuelve a la realidad de su tiempo; Paris ha conquistado por fin el anhelado corazón de su pueblo al arrebatar a los griegos su tesoro más preciado, deshonrando la base misma de su sistema de organización[11]:

Lo moderno de la aproximación a los griegos consiste (…) en intentar acercarse a ellos, para interpretar su legado cultural por referencia a la sociedad en la que vivían, y no por referencia a la nuestra. Los numerosos estudios realizados ya en esa dirección permiten constatar unos resultados muy positivos en la relectura de unos clásicos que no por menos idealizados resultan menos atractivos e interesantes para nosotros. […] Y no hacemos, con ello, en realidad, sino dejarnos llevar de la mano de Aristóteles, cuando nos presenta la polis y el oikos como las dos formas principales de comunidad humana. […] Lo que ya no se discute es que el oikos constituía la pieza básica del tejido social de la Grecia arcaica.

Aquí tenemos una de las razones principales para la elección del mito de Helena como causante de la Guerra de Troya, uno de los motivos principales de su efectividad y perdurabilidad: el ataque directo, a través del rapto de Helena, a la estructura misma del sistema social griego. Poca afrenta más grande podía haber para un griego, y no hablo en este caso de Menelao, que la destrucción de su oikos[12]:

La unidad básica del pueblo griego es el oikos, una palabra que engloba la casa, la hacienda y el patrimonio, y también núcleo habitacional y familiar, en paralelo con la idea de genos o estirpe familiar”. Tal como Marina Picazo nos dice[13]:” Matrimonio y adulterio implicaban directamente a las mujeres y a su papel social central, el de reproductoras de ciudadanos legítimos.

Esa era la supuesta tarea de Helena en toda esta historia, la de reproductora que permitiera la continuación de la estirpe griega, ese era el papel al que renuncia con el abandono de Menelao, y lo que iba a condenarla al juicio eterno[14]:

Cuando un hombre se casaba, su mujer se convertía en miembro de su casa, pero el matrimonio no implicaba la fundación de un oikos, sino su continuidad con el futuro nacimiento de un heredero. Un hombre podía tener un oikos sin esposa, pero un oikos sin un cabeza de familia estaba vacío, aunque lo ocupase su viuda embarazada. Desde el punto de vista griego, el oikos era un hombre y sus propiedades, no un marido, esposa e hijos.

Pero en los veinte años que pasarán hasta la definitiva caída de Troya, tiempo habrá de que esa fugaz felicidad sentida por Helena, traída por una efímera victoria sobre los poderosos griegos, se torne en odio y rencor. Ni el mismo Paris se sentirá capaz ya de defenderla una vez Aquiles mate a Troilo, su hermano más querido, dejando a su esposa a merced de las masas y culpándola, también, finalmente, de haber traído la desgracia a Troya. Queda ya entonces Helena, definitivamente sola e indefensa, frente al juicio de griegos, troyanos y el de la misma historia.

Pero, ¿sobre quién descargará el pueblo troyano tanto rencor por los años de guerra?, ¿sobre Paris, el causante de la afrenta? En ningún caso, todo lo bueno que su pueblo veía en Paris sigue igual de impoluto, no en cambio el papel de Helena, cuya belleza ya no parece compensar el sufrimiento al que se los está sometiendo. Como ella misma nos cuenta, lo que en Paris era valor, ahora es debilidad para Helena, su hazaña frente a los griegos es ahora una traición, el amor evocado por Helena se ha tornado en vicio y la honra recuperada para los troyanos es ahora deshonra en la guerra, como la gloria del vencedor, representada en la raptada belleza espartana, es ahora vergüenza frente a la culpable de todos sus males.

Cuando Paris huye cobardemente de su enfrentamiento con Menelao, Helena queda definitivamente sola en Troya y, harta de ser utilizada como coartada para la barbarie, pide ser entregada a Menelao; sin su amor, ¿qué sentido tiene ya permanecer allí? Aun siendo plenamente consciente de que supondría para ella una muerte segura, la prefiere al tormento de estar separada de su enamorado. Pero Paris vuelva al campo de batalla y, en un último gesto heroico, es herido de muerte, pero no lo ha hecho por su amada, lo que zanja definitivamente la trágica historia de amor.

En un último arrebato de cordura, completamente ebria ya de ambrosía y de loco amor por Paris, Helena pide a su impertérrito jurado que su nombre deje de utilizarse como coartada del odio, la destrucción y el ansia de poder de los hombres para, sin esperar el veredicto – porque no lo necesita – dirigirse al alba y descansar. Quizás lo más doloroso para ella siempre fue el no haber tenido la ocasión de ser escuchada. Es por eso que, probablemente, lo menos importante del juicio a una zorra sea el veredicto final para el que, quien se sienta libre de culpa, se atreva a condenarla.

 

Mario Lorenz

     

 


 

BIBLIOGRAFÍA.

 

Bowra, Maurice. La Atenas de Pericles. Madrid: Alianza Editorial, 2015.

Canfora, Luciano. El hombre griego. Madrid: Alianza Editorial, 1993.

Hernández, David y Raquel López. Civilización griega. Madrid: Alianza Editorial, 2014.

Picazo, Marina. Alguien se acordará de nosotras: mujeres en la ciudad griega antigua. Barcelona: Ed. Bellaterra, 2008.

Saquero, Pilar. "Helena de Troya: una heroína controvertida ". Asparkia: Investigació feminista, Nº 25 (2014): 113-126.

 

 

Foto de portada: https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/08/18/obra-de-teatro-juicio-a-una-zorra-carmen-machi-serie-hbo-1391412.html



[1] Pilar Saquero, “Helena de Troya: una heroína controvertida”, Asparkia: Investigació feminista, Nº 25 (2014): 124.

[2] Luciano Canfora, El hombre griego (Madrid: Alianza Editorial, 1993), 145-146.

[3] Marina Picazo, Pandora, el inicio de la misoginia occidental (Bellaterra: Ed. Bellaterra, 2008), 32.

[4] Maurice Bowra, La Atenas de Pericles (Madrid: Alianza Editorial, 2015), 178.

[5] Saquero, Helena de Troya…, 114.

[6] Picazo, Pandora…, 34.

[7] Picazo, Pandora…, 35.

[8] Saquero, Helena de Troya…, 123.

[9] Picazo, Pandora…, 36.

[10] Picazo, Pandora…, 38.

[11] David Hernández y Raquel López, Civilización griega (Madrid: Alianza Editorial, 2014), 65-66.

[12] Ibíd., 42.

[13] Marina Picazo, Alguien se acordará de nosotras: mujeres en la ciudad griega antigua (Barcelona: Ed. Bellaterra, 2008), 54.

[14] Ibíd., 51.