29 de julio de 2008

Paseando el otro día ...

Me encanta escuchar conversaciones ajenas, no me considero un voyeur, ni un chismoso, me gusta escucharlas en la distancia, la distancia que te permite no juzgar las cosas, simplemente verlas pasar y disfrutar de las vidas ajenas, de sus problemas, preocupaciones y alegrías.

Uno de los placeres mas grandes que existe en este mundo para mi, es sentarme en cualquier banco de cualquier lugar de paseo e ir escuchando retazos de conversaciones de la gente al pasar. Me da igual de lo que hablen, si están enfadados o contentos, me vale con saber que han pensado para la cena, lo que opinan de la última carrera de Alonso, donde ha ido de viaje su cuñada, cuánto valen los yogures en tal o cual supermercado, que bonito está el día, lo precioso que que ha quedado el paseo o el ruido del maldito camión de la basura que todas la noches da la tabarra.

Si por un casual se sientan en el banco de al lado y éste se encuentra a una distancia aceptable, ya pasamos a otro nivel, es decir, ya no van a ser trozos inconexos de diferentes conversaciones, no, ya voy a poderme meterme por un rato en su piel, ser como de su familia. Entonces desaparece el paisaje y muda la piel, pudiendo pasar empaticamente a disfrutar de vidas ajenas, diferentes, con modos de pensar que pueden ser perfectamente opuestos, pero da igual, lo importante es saber de ellos, aunque no me importe lo mas mínimo.

No se trata de un disfrute parásito, quiero decir que ni me alegro con sus alegrías ni me entristezco con sus tristezas, simplemente disfruto observando, entendiendo (o no), escuchando, que no oyendo, aunque sin absorver, ya digo, ni alegrías ni tristezas. No digo que en cierto modo no me acabe empapando de esos sentimientos, soy persona, por supuesto, pero no es la finalidad, repito, la finalidad es ver pasar, como cuando nos quedamos embobados viendo el cauce del río, el agua pasa, pasa y pasa, sin preguntarnos ni de donde viene ni a donde va.

La gente ya no escucha, muchas veces yo mismo no recuerdo conversaciones, en algún punto de ellas desconecto por falta de interés, y aunque raramente se nota, resulta muy desagradable cuando te recuerdan que "eso" ya te lo dijeron ayer, y por mucho que escudriñe en mi mente no consigo recordarlo. No es una falta de respeto, puesto que no es intencionado y aunque pueda parecer lo contrario la persona en cuestión puede ser perfectamente importante para mi.

La pregunta pudiera ser entonces, ¿cómo es posible que puedan interesarme más conversaciones ajenas que las propias?, no puedo decir mas que es una buena pregunta y que por mas vueltas que le doy al asunto no consigo llegar a ninguna conclusión, aunque por otra parte ¿quién quiere llegar a conclusiones? eso sería como llegar al final del camino, donde nada hay más allá.

1 comentario:

JULIÁN CÁRAX dijo...

No hay nada como estar cenando y no escuchar lo que te dice la pareja por que estas escuchando la pelea de la mesa de la derecha.

Pasear por la Ramblas i sentarte en un banco a mirar como va vestida la gente y cuales son sus inquietudes.

No hay nada como sentarte en una cafeteria de una ciudad que no es la tuya i ver como se comporta el ser humano en otro habitat.