12 de junio de 2019

Salvini somos todos

Fuente: https://lnt.ma/turquie-proces-des-deux-responsables-de-la-mort-deylan/

Vivimos en un mundo cuyos recursos son finitos. Comenzar con esta afirmación, que no por obvia debe dejar de ser subrayada, me parece una buena manera de iniciar un texto cuyo eje principal va a ser la reacción, en el sentido más peyorativo del término, de una comunidad que recibe a migrantes y refugiados. En la medida en que el actual gobierno italiano represente a su sociedad, solo soy capaz de explicar en base al miedo provocado por esa escasez, el hecho de que se penalicen, en la manera que nos muestra el artículo de Xavier Montanyà, soluciones inteligentes, imaginativas, prácticas y efectivas como la llevada a la práctica por Domenico Lucano.

Conviene aclarar en este punto que la chocante afirmación inicial no lleva consigo la opinión particular de que ya hayamos alcanzado ese límite de los recursos, ni mucho menos, mi intención era señalar que el miedo a esa posible finalización resulta muy útil, en último término, para agrupar a la gente y abocarla a la confrontación frente a un pretendido enemigo exterior, desestimando otras descabelladas y disparatadas ideas, tales como una mejor distribución de los recursos, un cambio en nuestro confortable sistema económico, o el simple cumplimiento de los Derechos Humanos. En realidad, tal como nos dice el Profesor Harari[1] a propósito del carácter finito de los recursos y el miedo a su agotamiento:” El crecimiento económico necesita también energía y materias primas, y estas son finitas. Cuando se agoten, si es que lo hacen, todo el sistema se desmoronará. Sin embargo, las pruebas que proporciona el pasado es que son finitas solo en teoría. De forma contra intuitiva, mientras que el uso que ha hecho la humanidad de la energía y las materias primas ha crecido mucho en los últimos siglos, las cantidades disponibles para nuestra explotación en realidad han aumentado. Cada vez que una escasez de una u otras ha amenazado con hacer más lento el crecimiento económico, han fluido las inversiones hacia la investigación científica y tecnológica. Esto ha producido de forma invariable no solo maneras más eficientes de explotar los recursos existentes, sino también tipos completamente nuevos de energía y materiales.”

De este modo, ¿de dónde viene nuestro miedo a qué nos roben algo que solo nos pertenece de forma tan contingente?, quizás podamos responder a eso con una nueva pregunta, esta vez retórica, ¿qué necesidad tiene ningún gobernante de solucionar los problemas de sus ciudadanos cuando puede enfrentarlos a malvados ladrones extranjeros?, o ¿qué necesidad hay de dar explicaciones a los votantes cuando puedes distraerlos de sus propias “miserias” asustándolos con el anuncio de la llegada del leviatán? Lo lamento, finalmente han sido dos preguntas.

El éxito del proyecto del alcalde de Riace vendría a poner en duda ese miedo al otro, y vencido ese miedo ¿cómo se mantiene el estado actual de las cosas? La manera en que tanto Italia como el resto de los países de la Unión Europea está tratando a los migrantes y refugiados nos causará en el futuro tanta vergüenza como la que debieron sentir los habitantes de Dachau, cuando en 1945 fueron obligados por el ejército aliado que liberó el campo de concentración situado en sus inmediaciones, a desfilar por su interior para ver las atrocidades que allí se habían estado cometiendo. Cuando, con la perspectiva del tiempo, seamos capaces de reconocerlo, no podremos alegar desconocimiento, como sin duda hicieron la mayoría de ellos; fotos como las del niño kurdo Aylan, ahogado en una playa turca en 2015, playa que podría haber sido española o italiana, martillearán nuestra conciencia tal como lo hará el hecho de haber procesado a un alcalde italiano, cuya única culpa ha sido enfrentarse con soluciones a un derecho inalienable, el de poder huir de una tierra natal desolada por la guerra o simplemente en busca de un futuro mejor.

¿Qué sentido tiene preocuparnos por las cifras del paro cuando están muriendo niños en nuestras playas?, ¿qué sentido tiene hablar de sanidad pública cuando hay millones de personas muriendo de hambre en el mundo? Los migrantes y refugiados nos enfrentan con nuestras peores pesadillas, las que nos despiertan para recordarnos que nuestro etnocentrismo no puede levantar muros insalvables, que la desesperación humana no entiende de fronteras y que por mucho que nos empecinemos en negarlos, existen, y han venido a nuestra casa para recordárnoslo. Sólo parece haber una alternativa, o los odiamos o nuestra conciencia no nos permitirá disfrutar, ni que sea por un tiempo más, de nuestro magnífico Estado del Bienestar. Ese es el motivo principal de que proyectos como el de Domenico Lucano y sus vecinos no deban triunfar. Su victoria podría llevarnos a una conclusión catastrófica, que un discurso alternativo es posible, y que ese discurso conlleva, en esencia, que un cambio sustancial en el sistema político y económico es posible, un cambio a un sistema en el que no sean necesarios intermediarios, rentistas, facilitadores ni demás burocracia, y en el que toda la enorme estructura gubernamental modelada alrededor de nosotros, los ciudadanos, sea prescindible. Si el alcalde Lucano ha sido capaz de hacerlo desde dentro mismo de ese sistema, ¿que no podría hacerse sin tantos factores en contra? la simple duda podría explicar las acciones emprendidas contra él.

Pero, ¿cómo explicamos la necesidad de un líder político de enfrentarse, y enfrontar a los que representa, con seres humanos que huyen de la guerra o de situaciones de extrema pobreza? Si echamos un vistazo a los problemas que acucian a esa sociedad que los recibe es posible que hallemos algunas respuestas. Pero no podemos limitarnos solo a Salvini, él no representa solo a sus votantes italianos. El ministro del Interior italiano personifica tanto la desastrosa política de expolio colonial llevada a cabo por todos los países europeos desde mediados del siglo XIX y especialmente tras la Primera Guerra Mundial, como la incapacidad de la Unión Europea de dar una solución en origen y en tiempo (nadie quiere ser migrante), o en destino, una vez la situación se ha visto ya desbordada. Somos todos culpables, en tanto que nuestro Estado del Bienestar se ha basado en las últimas décadas en la desestabilización de las sociedades que ahora llaman a nuestras puertas.

Sólo desde un punto de vista etnocentrista, por poner un ejemplo, pueden explicarse los pocos escrúpulos franceses e ingleses (con el conocimiento y aprobación de italianos y rusos) a la hora de establecer los límites geográficos en Oriente Medio tras los acuerdos Sykes-Picot (1916), división que no tuvo en cuenta ningún tipo de condicionante social, cultural o religioso y que es la fuente primordial de los conflictos actuales, los que están enviando a nuestras costas europeas a millones de personas. Tal como nos comenta Bohannan[2]: “[…] la tendencia a elevarse a uno mismo a expensas de otros es un universal humano”, por lo que parece, luchamos contra nuestra propia naturaleza humana. En definitiva, nunca interesó a los gobiernos occidentales fomentar en esos países sistemas políticos que permitieran el buen desarrollo de esas sociedades, fuera el que fuera, que siguieran su propio camino. Muy al contrario, fue siempre de la máxima prioridad la instauración de gobiernos títere que, enriqueciéndose hasta límites inmorales y maltratando e incluso aniquilando a su población sin ningún tipo de remordimiento por nuestra parte, se mantuvieran a nuestro servicio, alimentando nuestro desarrollo económico y nuestra pretendida superioridad cultural.

Ese es Salvini, Salvini también es Conte, es Macron, es Sánchez y Rajoy, es May; incluso es Merkel. Salvini nos representa a todos, a todos los que no somos capaces de pararlo todo ante tal desastre. Bueno, a todos no, en ningún caso representa a Domenico Lucano, quizás él sea la última esperanza que nos queda como sociedad, alguien con la convicción y el valor necesarios para apearse de un sistema que nos tiene a todos adormecidos ante el dolor ajeno. Nos hemos construido una agradable realidad a la que, gracias a las redes sociales, tiene acceso el resto del mundo, y la paradoja es que no podemos compartirla ya que, de hecho, se nutre precisamente de esa otra realidad, en la que viven miles de millones de personas[3].

Somos diferentes, de eso no hay ninguna duda y conviene no olvidarlo; somos diferentes a esos hombres mujeres y niños que llegan a nuestras costas, como lo somos de nuestro vecino, de nuestro compañero de trabajo o de nuestro amigo. Ese no es el problema. Se trata de la utilización que se hace de esa diferencia para, en palabras de Bohannan[4], bloquear oportunidades, en este caso la de buscar la felicidad. Es la diferencia al servicio de la derecha reaccionaria. Nuestra incapacidad comprensiva de asumir esa diferencia, ese cambio, esa variación, y la necesidad subyacente de homogenización y simplificación, es la que no nos permite aceptarla como real y positiva. Añadiendo el miedo a la pérdida de lo que consideramos nuestro por derecho de nacimiento, es cuando se convierte en una poderosa herramienta al servicio de los poderosos.

Pero, ¿cómo se articula todo eso?, ¿cuál es el factor de cohesión alrededor del cual se produce la unidad de una sociedad frente a quienes pretenden asaltarla? Se trata de la nación, y más concretamente, la defensa de la nación y de sus fronteras. Hemos topado con el núcleo central del argumentario de la extrema derecha europea, alrededor del cual gira todo su discurso, todo empieza en la nación y acaba en ella. Resulta sorprendente que un término tan etéreo y difícilmente definible pueda convertirse en el motor que vuelve a mover en estos momentos los engranajes europeos más activos políticamente, y que sin ser las fuerzas más relevantes representativamente, están condicionando y dirigiendo el debate en todos los países de la UE:


Fuente: Carles Planas Bou (corresponsal de “el Periódico” en Alemania), vía Twitter

¿Es razonable que un antiguo independentista como Salvini, que defendía la separación del norte de Italia, ahora con un 17,3% de representación en el Parlamento italiano, se haya erigido actualmente en el máximo defensor de la nación italiana y de sus fronteras? ¿O es que el nacionalismo no es sino la coartada para alcanzar la mayor cuota de poder, prestigio, propiedad y placer[5] posible?

En cualquier caso, no me preocupa tanto el ascenso de estos discursos xenófobos como el hecho de que no estamos siendo capaces de salir de la mera indignación formal. Colaboramos con ONGs y votamos partidos moderados a izquierda y derecha, pretendiendo así que luchamos contra ellos, pero son esos mismos partidos a los que elegimos para que nos representen los que no hacen más que beber de ese discurso del odio y del absurdo, de alimentarse de ellos encauzando nuestra indignación hacia sus propios intereses. Entre tanto va creciendo la ultra derecha, poco a poco, los migrantes siguen llegando a nuestras costas y siguen muriendo en ellas, y empezamos a creernos, con el miedo metido en el cuerpo, que vienen a quitarnos lo “poco” que nos queda. Por suerte, quedan personas como Domenico Lucano, que con su lucha nos muestran que podemos redimirnos todavía, que podemos apearnos de un sistema agotado y decir en voz alta que esto no puede tolerarse, que hay fotos de niños muertos en playas que merecen que se pare todo, y cuando no lo hacemos, nos retratamos, es por eso que Salvini somos todos, yo el primero.

Fuente: NILUFER DEMIR /REUTERS






[1] Harari, Y. (2014). Sapiens. De animales a dioses, p. 411.
[2] Bohannan, P. (2010). Para raros, nosotros. Introducción a la antropología cultural, p. 171.
[3] Según datos del Banco Mundial “Dollar a Day Revisited,” 2009, publicados en la web de la ONG children international, casi la mitad de la población mundial vive con menos de $2,50 al día.
[4] Bohannan, P. (2010). Para raros, nosotros. Introducción a la antropología cultural, p. 172.
[5] Bohannan, P. (2010). Para raros, nosotros. Introducción a la antropología cultural, p. 188.



BIBLIOGRAFIA / REFERENCIAS.

Duranti, A. (2000). Antropología lingüística. Madrid. Ed. Cambridge University Press.
Aguilera, R. (2002-05). El problema del etnocentrismo en el debate antropológico entre Clifford Geertz, Richard Rorty y Lévi-Strauss. Gazeta de antropologia. >
BOHANNAN, P. Para raros nosotros. Introducción a la antropología cultural. Madrid, Akal, 2010
HARARI, Y. Sapiens. De animales a dioses. Ed. Debate, 2015.
Llobera, J. Materials didàctics de la UOC.


24 de abril de 2019

La Edad Media, ¿oscuridad o consuelo?




Supongo que como la mayoría, había asociado siempre la Edad Media a un periodo oscuro y de involución tras la luz que trajeron griegos y romanos con el advenimiento del discurso lógico. Craso error, enmendado una vez más con la lectura y, por lo que intuyo, equívoco en gran parte provocado por una visión mediatizada de la influencia de la Iglesia, que más que originar, utilizó esa vuelta al mito en beneficio propio. Con la enorme paradoja de que, a pesar de renunciar e incluso luchar contra los vestigios que quedaron del discurso lógico fue gracias a una parte de la Iglesia que hoy en día podemos disfrutar de los clásicos y de su mensaje, que pudo ser retomado con el Renacimiento. Nunca me había planteado las carencias del discurso lógico como motivo para la vuelta al mítico. Esta elección del retorno al antiguo discurso se me presenta ahora, con frescura, como un camino nuevo para entender mejor una época por la que siempre he sentido una enorme curiosidad. El logos, fruto de un tiempo, un lugar y unas condiciones muy determinadas aportó respuestas a algunas de las preguntas que habían rondado las cabezas de nuestros antiguos durante largo tiempo, pero quizás no a las más trascendentales, aquellas que dan tranquilidad al espíritu y reconfortan ante las grandes adversidades a las que se enfrentaban; en un tiempo donde la vida no valía más que lo que se tardaba en perderla y durante el cuál, el discurso lógico, no había logrado dar una respuesta satisfactoria, a pesar de haber tenido a su disposición algunas de las mentes más preclaras que había dado hasta entonces la humanidad.

En descargo de esos primeros intelectuales valga decir que la mayoría de esas preguntas siguen flotando actualmente, y quizás con más fuerza, en las mentes de la mayoría de nosotros, las más débiles de las cuales, en un contexto de gran desigualdad social, son incapaces de entender que los dos discursos operan en esferas completamente estancas e independientes,  pudiendo hoy en día tender a buscar las respuestas más sencillas, o simplemente respuestas, en posiciones extremistas que prometen, en otra vida, lo que no pueden ofrecer en la presente.

La vuelta al territorio mítico en la Edad Media no supone, en un primer momento, la adopción de la concepción clásica del eterno retorno en el tiempo a las habituales acciones primordiales, tampoco supone la negación de la historia. Ese tiempo, que según Agustín de Hipona nace con la creación, pero que además anuncia ya su final, va a seguir siendo lineal, histórico, cada hecho será único e irrepetible y a pesar de que todo ocurre por designio divino, se acepta el libre albedrío, con la condición de actuar según el arquetipo del ideal cristiano para ganar la salvación o abrasarse en el más terrible de los infiernos. A medida que vayamos avanzando en la Edad Media nos iremos introduciendo poco a poco, una vez más, en la concepción ortodoxa del tiempo cíclico más propia del discurso mítico, con un calendario que vendrá marcado por el calendario litúrgico de la Iglesia y que marcará el tempo de la vida cotidiana.

En los próximos siglos va a ser la Iglesia quien establezca el modelo arquetípico ideal de comportamiento. Dispondrán de motivos para la celebración ya que han conseguido por fin situarse entre Dios y el Hombre, y se presentan ya como condición indispensable para llegar a él. El revolucionario mensaje inicial de amor incondicional accesible para cualquiera, lo que le infería de una gran universalidad, parece haberse perdido y las enseñanzas originales, demasiado lejos ya en el tiempo, sólo pueden ser transmitidas por los auto proclamados herederos de su reino en un modo que será cada vez más complejo.

El objetivo del pueblo, en adelante, va a ser la salvación, y sólo podrá ser lograda siguiendo las instrucciones establecidas por quien ostenta el poder de la redención. Pocos más consuelos que ese debían quedar ya, a saber, la esperanza de una futura vida mejor, en un mundo en el que las posibilidades de saltar en la escala social, de quebrar el modelo trifuncional “ideal” (¿para quién?), eran reducidas, sobretodo para los encargados de la nutrición en su parte más baja, el pueblo llano. Entiendo esta subordinación del pueblo a las cada vez más rígidas normas establecidas por la Iglesia, como el “peaje” a pagar por la vuelta al discurso mítico y la consiguiente tranquilidad de espíritu que se obtiene a cambio; entiéndase siempre peaje sin connotaciones negativas, simplemente como el coste inherente al disfrute de un servicio, o en este caso, a la elección libre de un discurso : el que más beneficios le ofrece al que lo selecciona.

El discurso lógico, cuya presencia en la historia no deja de ser testimonial en términos cuantitativos, no satisfizo entonces las necesidades más primarias del alma humana, como parece no hacerlo en estos momentos presentes; nuestro “peaje” pudiera ser ahora el agotamiento de nuestros recursos naturales, consecuencia de un consumismo voraz que intenta aplacar las carencias de nuestro discurso lógico y unas desigualdades sociales fruto de las cuales, emanan odios que buscan justificación histórica allá donde pudieren. Llegados a este punto se me aparece como meridianamente claro que, a lo largo de la historia, incluyendo nuestro presente, la búsqueda de las respuestas a las preguntas fundamentales que se ha formulado el hombre nunca ha sido, ni será, gratuita.

Tal como avanzaba anteriormente, el gran historiador francés G.Duby, nos habla del modelo trifuncional y cómo es utilizado en su época, a mi parecer, más para intentar mantener el estado de las cosas, que para presentar un modelo social siquiera remotamente ideal, si el término puede contener alguna acepción que haga referencia, de algún modo, al carácter justo del mismo.

El proceso histórico que nos llevó a las cruzadas fue muy diferente en ambos bandos. Por un lado, los cristianos, que tuvieron que evolucionar desde una religión que en sus inicios predicaba el amor al prójimo y rechazaba cualquier forma de agresión, por el otro los musulmanes, cuya religión nació aceptando la violencia como simple aceptación de su modo de vida ya en tiempos de su fundación, aunque la yihad no tenía en ese momento las connotaciones religiosas que tiene actualmente y se entendía más bien como una guerra de conquista. Podemos hablar, en el caso cristiano, de un cambio radical en su doctrina, que fue desde el pacifismo más puro predicado por Jesús (cuyo intento de transmitir sus enseñanzas podríamos decir que no tuvo demasiado  éxito ni entre sus seguidores más cercanos, los apóstoles, ni entre su propio pueblo, que esperaba más un libertador guerrero y un líder que un salvador) hasta la guerra santa. 



En el caso musulmán se puede aceptar cierta coherencia en este sentido, no fue necesario ningún cambio doctrinal, el propio Mahoma practicó la yihad a modo de conquista, pero su finalidad última nunca fue la conversión, de hecho, la conversión no tenía cabida en el Corán, cuya fe sólo puede ser abrazada de forma voluntaria. Podríamos hablar, en este caso, de cierto respeto y tolerancia hacia las religiones monoteístas, consideración quizás no en el sentido que le asignaríamos hoy en día, pero en cualquier caso, parece que fue mucho mayor que el que mostraron los cristianos. No podríamos decir lo mismo de otras religiones politeístas, que sí fueron perseguidas.

Parece claro pues, que las actitudes respecto a la violencia de los dos fundadores de las religiones que nos ocupan eran en un principio diametralmente opuestas, quizás en parte también dado que la religión musulmana no tuvo tanto tiempo para degenerar respecto a su mensaje inicial como lo tuvo la cristiana hasta el tiempo de las cruzadas, aproximadamente 4 siglos en el caso de la religión de Mahoma, unos 11 en el caso del cristianismo. ¿Se está produciendo en estas últimas décadas la degradación del mensaje inicial del profeta? Cuanto menos, da para una breve reflexión al respecto. Una vez el cristianismo adopta el concepto de guerra santa hay que volver a buscar las causas de la cruzada en el mito, la maquinaria hacía tiempo ya que estaba en funcionamiento y se había creado la exaltación y el fervor religioso necesario para emprender tal empresa, recuperar la cuna de su religión de las manos de los infieles. El objetivo principal del cristianismo tampoco era la conversión de los musulmanes, ni su exterminio.

La salvación para quienes emprendieran la aventura estaba asegurada, así como el perdón por todos los pecados; no habría mejor acicate para un pueblo que había entendido esta vida como una mera forma de ganarse la eternidad. El cambio del discurso lógico al mítico había llegado con las cruzadas a su máximo apogeo, ¿qué mejor conclusión para la elección del discurso mítico que la promesa de obtener todas las respuestas que no había podido ofrecer el discurso lógico al que renunciamos?